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Purificador de aire para casa: cómo elegir el modelo ideal según metros, alergias y consumo

Un purificador de aire puede marcar una gran diferencia en el confort de tu casa, especialmente si convives con alergias, mascotas o vives en una ciudad con contaminación elevada. Pero entre tantos modelos, filtros y funciones, es fácil equivocarse y terminar con un aparato caro que no se adapta a tu vivienda.

Por qué puede interesarte un purificador de aire en casa

Antes de entrar en características técnicas, conviene tener claro qué problemas quieres resolver. Un purificador no sustituye a la ventilación natural ni a la limpieza, pero puede ayudar a reducir de forma notable:

  • Polvo y ácaros que se acumulan en muebles, textiles y colchones.
  • Pólenes que entran por ventanas u otros puntos de ventilación.
  • Caspa y pelo de mascotas, muy relevante si hay personas alérgicas en casa.
  • Olores persistentes de cocina, tabaco o humedad.
  • Partículas finas procedentes de la contaminación urbana o de zonas con mucho tráfico.

El modelo que elijas debería responder a una necesidad concreta: reducir síntomas de alergias, mejorar la calidad del aire en una habitación infantil, minimizar olores en una cocina abierta, o disminuir la sensación de aire cargado en un salón pequeño.

Cómo calcular los metros y la potencia que necesitas

El error más frecuente al comprar un purificador de aire es elegir un modelo demasiado pequeño para la estancia donde va a trabajar. Aquí entran en juego tres conceptos clave: metros cuadrados, volumen de aire y renovaciones por hora.

Metros cuadrados vs. volumen de la estancia

La mayoría de fabricantes indican la superficie máxima recomendada en m². Sin embargo, lo que realmente importa es el volumen (metros cúbicos), que se calcula multiplicando superficie por altura del techo.

Por ejemplo, un salón de 20 m² con techos de 2,5 m tiene un volumen de 50 m³. Si tu casa tiene techos altos (por encima de 2,7 m), necesitarás un purificador más potente que el que se usaría en una vivienda estándar con la misma superficie.

CADR: la cifra clave para no quedarte corto

El parámetro más útil para comparar purificadores es el CADR (Clean Air Delivery Rate), o tasa de entrega de aire limpio. Indica cuántos metros cúbicos de aire limpio puede generar el aparato por hora.

Para uso doméstico, una referencia práctica es buscar un purificador que pueda realizar entre 4 y 5 renovaciones de aire por hora en la habitación donde se va a utilizar.

Un cálculo sencillo sería:

  • Volumen de la habitación (m³) x 4 = CADR mínimo recomendable.
  • Si hay alergias fuertes o contaminación elevada, puedes subir a 5 o 6 renovaciones.

Siguiendo el ejemplo anterior (50 m³), para una habitación estándar bastaría con un CADR en torno a 200–250 m³/h. Si es para una persona con alergia al polen muy marcada, puede interesar un modelo de 250–300 m³/h.

Elegir por estancia y no por vivienda completa

Es preferible pensar el purificador como un equipo por habitaciones clave (dormitorios, despacho, salón donde más tiempo pasas) y no como una solución única para toda la vivienda. Los purificadores domésticos trabajan mejor en espacios acotados y con puertas medio cerradas que en plantas abiertas enormes.

Qué purificador elegir según el tipo de alergias

No todas las alergias son iguales ni responden de la misma forma a los filtros. El tipo de alergeno que más te afecta determina el filtro mínimo que deberías exigir.

Alergia al polvo, ácaros y moho

En este caso, el protagonismo lo tiene el filtro de partículas finas:

  • Filtro HEPA verdadero (H13 o superior): es la opción más recomendable. Retiene la gran mayoría de las partículas muy pequeñas, incluidas las de ácaros y esporas de moho.
  • Prefiltro: atrapa pelo, pelusas y partículas grandes, alargando la vida del HEPA.

Si hay problemas de humedad alta y moho, es casi más importante atacar la causa (ventilación insuficiente o condensación) que solo fiarlo todo al purificador. Pero un modelo con HEPA y buena circulación de aire ayudará a reducir las esporas en suspensión.

Alergia al polen

El polen tiene un tamaño relativamente grande comparado con otras partículas, pero se mantiene mucho tiempo en el aire. Para estas alergias:

  • Asegúrate de que el purificador tenga HEPA H13 o similar.
  • Revisa el CADR específico para polen si el fabricante lo indica.
  • Coloca el dispositivo en el dormitorio u otra estancia donde pases muchas horas.

En plena temporada de polen, conviene mantener ventanas cerradas en las horas de mayor concentración y usar el purificador en modo medio o alto al menos un rato antes de dormir.

Alergia a mascotas (perros, gatos, etc.)

La alergia no suele deberse al pelo en sí, sino a partículas de caspa y saliva que se adhieren a este. Para reducir los síntomas:

  • Busca un purificador con prefiltro lavable que atrape el pelo más grande.
  • Combínalo con un HEPA de buena calidad que retenga caspa y micropartículas.
  • Colócalo en la sala donde el animal pasa más tiempo o donde duerme la persona alérgica.

En estos casos, la limpieza mecánica (aspirador con filtro HEPA, lavado de textiles) sigue siendo fundamental. El purificador es un complemento, no una solución completa por sí solo.

Olores, humo y contaminación urbana

Si te preocupan los olores de cocina, el humo de tabaco o la contaminación exterior, la clave está en el filtro de gases:

  • Filtro de carbón activo: atrapa compuestos orgánicos volátiles (COV), algunos gases y olores.
  • Para humo de tabaco, combina HEPA + carbón activo y asegúrate de ventilar con frecuencia.
  • En zonas con alta contaminación, revisa el CADR para humo y las capacidades específicas para partículas finas (PM2.5).

Evita depender solo de perfumadores o ambientadores: enmascaran el olor pero no eliminan las partículas ni los compuestos químicos presentes en el aire.

Tipos de filtros y tecnologías: cuáles merecen la pena

La base de un buen purificador doméstico se resume en tres filtros: prefiltro, HEPA y carbón activo. Alrededor de ellos, algunos fabricantes añaden tecnologías complementarias que conviene valorar con calma.

Filtros principales que sí deberías exigir

  • Prefiltro: suele ser de malla o material plástico. Retiene polvo grueso, pelusas y pelo. Es importante que sea lavable para poder limpiarlo con frecuencia sin coste adicional.
  • Filtro HEPA (H13 o equivalente): es el corazón del sistema para alergias. Desconfía de términos genéricos como “tipo HEPA” si no se especifica la clase del filtro.
  • Filtro de carbón activo: recomendable si te preocupan olores, humo o contaminación urbana. Cuanto mayor sea su cantidad de carbón, más eficiente suele ser frente a gases.

Tecnologías adicionales: cuándo tienen sentido

Algunos purificadores incorporan elementos adicionales como:

  • Ionizadores: cargan eléctricamente las partículas para que caigan al suelo o se adhieran a superficies. Pueden ayudar, pero conviene que el equipo limite o controle la producción de ozono.
  • Lámparas UV: destinadas a reducir bacterias y virus en el interior del aparato. Su eficacia real depende del tiempo de exposición y del diseño, por lo que no deberían ser el criterio principal de compra.
  • Plasma frío u otras tecnologías propietarias: se presentan como soluciones avanzadas, pero en la práctica, para un uso doméstico, el mayor salto de calidad lo da un buen HEPA y una circulación de aire adecuada.

Como criterio general, es preferible invertir en un purificador con buenos filtros y alta eficiencia que en uno lleno de extras poco claros y un CADR escaso.

Consumo eléctrico y eficiencia energética

Un purificador de aire suele estar encendido muchas horas al día, especialmente en dormitorios. Por eso es importante valorar el consumo, no solo el precio de compra.

Cuánta energía gasta realmente un purificador

Los fabricantes indican la potencia en vatios (W). El consumo real depende de las horas de uso y de la velocidad seleccionada:

  • En modo bajo, muchos modelos oscilan entre 5 y 15 W.
  • En modo medio, pueden situarse entre 15 y 40 W.
  • En modo alto o turbo, es frecuente ver 40–80 W o más, según el tamaño.

En la práctica, para uso diario en casa se suelen emplear modos bajos o automáticos, que ajustan la potencia según la calidad del aire. Esto reduce bastante el gasto a final de mes.

Relación entre CADR y consumo

No te fijes solo en los vatios. Lo relevante es la eficiencia: cuántos metros cúbicos de aire limpio produce el aparato por cada vatio consumido. Dos purificadores de 40 W pueden rendir de forma muy diferente si uno tiene un CADR de 150 m³/h y otro de 250 m³/h.

Si te preocupa el gasto, busca un modelo con:

  • Modo automático: baja la velocidad cuando el aire está limpio.
  • Modo noche: combina menor ruido y menor consumo.
  • Apagado programable: para evitar que esté a máxima potencia más tiempo del necesario.

Ruido, tamaño y ubicación en la vivienda

Un purificador muy potente pero ruidoso puede acabar apagado en un rincón. Conviene no subestimar este punto, sobre todo en dormitorios.

Niveles de ruido aceptables

El ruido se mide en decibelios (dB). Como orientación general:

  • Por debajo de 25 dB: muy silencioso, adecuado para dormir en la mayoría de los casos.
  • Entre 25 y 35 dB: perceptible, pero tolerable para dormitorios y despachos tranquilos.
  • Por encima de 40 dB: más apto para salones o uso diurno con ruido de fondo.

Ten en cuenta que las especificaciones suelen indicar el mínimo (modo noche), por lo que conviene revisar también el ruido en potencia media, que será el uso habitual cuando el aire esté más cargado.

Dónde colocar el purificador para que sea efectivo

La colocación afecta bastante al rendimiento:

  • Déjalo en una zona despejada, sin pegarlo del todo a la pared ni tapar las rejillas de entrada y salida.
  • Evita rincones cerrados, detrás de muebles altos o bajo cortinas largas.
  • En dormitorios, colócalo a cierta distancia de la cama, de forma que el flujo de aire no resulte molesto.
  • Si tienes planta abierta, sitúalo cerca de la zona donde más tiempo pasas (sofá, mesa de trabajo).

Mantenimiento, recambios y coste a largo plazo

El coste real de un purificador no es solo lo que pagas al comprarlo, sino también el precio y la frecuencia de sustitución de los filtros. Ignorar este punto puede hacer que un modelo barato salga caro con el tiempo.

Cada cuánto se cambian los filtros

La vida útil de los filtros depende del uso, la calidad del aire y el modelo, pero como referencia:

  • Prefiltro: se limpia cada pocas semanas (aspirado o lavado, según indique el fabricante).
  • Filtro HEPA: suele cambiarse cada 6–12 meses.
  • Filtro de carbón activo: muy variable; algunas marcas recomiendan entre 3 y 12 meses.

Es recomendable revisar el indicador de estado de filtros si el aparato lo incluye, y no alargar excesivamente los recambios: un filtro saturado pierde eficacia y puede hacer trabajar más al ventilador, con mayor ruido y consumo.

Disponibilidad y precio de los recambios

Antes de comprar, merece la pena comprobar:

  • Si los filtros de recambio son fáciles de encontrar y de la propia marca.
  • El precio medio anual de mantenimiento, estimando cuántos filtros necesitarás al año.
  • Si el purificador admite packs de filtros combinados (HEPA + carbón) o se venden por separado.

Un truco práctico es calcular el coste de filtros de dos años y sumarlo al precio del purificador. Así podrás comparar mejor entre modelos que, en apariencia, tienen un precio inicial similar.

Funciones extra útiles en el día a día

Más allá de filtrar el aire, algunos detalles marcan la diferencia en comodidad y aprovechamiento real del aparato.

Sensores de calidad del aire y modo automático

Los sensores (de partículas, gases u olores) permiten que el purificador ajuste la velocidad según la suciedad del aire. Esto aporta dos ventajas claras:

  • Ahorro energético: no funciona siempre al máximo.
  • Menos ruido: solo sube de potencia cuando detecta un empeoramiento del aire.

Si cocinas, abres ventanas a una calle con tráfico o hay fumadores, verás cómo el aparato aumenta la velocidad de forma automática durante un rato, para luego volver a niveles más suaves.

Control remoto, app y domótica

Los modelos con conexión WiFi y aplicación móvil permiten encender, apagar y programar el purificador desde cualquier lugar. Puede ser útil, por ejemplo, para:

  • Encenderlo antes de llegar a casa y encontrar el aire ya limpio.
  • Revisar el estado de los filtros o la calidad del aire en tiempo real.
  • Integrarlo con asistentes de voz o rutinas de domótica.

No es imprescindible, pero si ya usas otros dispositivos inteligentes en casa, se integra bien en el conjunto.

Guía rápida: cómo elegir tu purificador paso a paso

Para terminar, puedes seguir esta secuencia práctica a la hora de decidirte por un modelo concreto:

  • 1. Define la estancia principal: ¿dormitorio, salón, despacho? Mide sus metros y calcula el volumen aproximado.
  • 2. Determina la prioridad: alergias a polvo/polen, mascotas, humo, olores o contaminación.
  • 3. Elige filtros adecuados: HEPA H13 para alergias, carbón activo para olores y gases, prefiltro lavable para pelo y polvo grueso.
  • 4. Ajusta el CADR: busca un valor que permita entre 4 y 5 renovaciones de aire por hora en esa habitación.
  • 5. Revisa ruido y consumo: presta atención a los dB en modo noche y al consumo en modo medio, que será el más habitual.
  • 6. Calcula el coste de filtros: comprueba disponibilidad y precio de recambios de al menos dos años.
  • 7. Valora extras realmente útiles: sensor de calidad del aire, modo automático, temporizador, bloqueo infantil, app, etc.

Con estos puntos claros, resultará mucho más sencillo escoger un purificador de aire que encaje con los metros de tu casa, el tipo de alergias presentes y el consumo que estás dispuesto a asumir, aprovechando al máximo la inversión y mejorando de verdad el confort en tu hogar.

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